• Carolina Bejar

La actitud positiva comienza en uno mismo.

Una actitud positiva crea una muy buena imagen de ti y hará que los demás quieran estar cerca de ti.

La actitud que tomas frente a los problemas o sucesos que se te presentan cotidianamente es finalmente la que determina la dimensión e importancia de los mismos. Hay dos formas de ver el vaso: medio lleno y puedes alegrarte al observar la mitad llena o puedes preocuparte por la mitad vacía. Esto no es ni más ni menos que una cuestión de dos actitudes antagónicas: la actitud positiva y la actitud negativa.

Los pensamientos positivos tienen el efecto de hacerte sentir pleno, satisfecho. Son capaces de darte una razón para vivir, una sensación de ser útil y necesario, de tener una finalidad en la vida, de estar destinado a logros en la vida, Pero además, las personas que rodean a una persona con pensamientos positivos, generalmente reciben como efecto de ellos una sensación energizante y motivadora.

Los pensamientos negativos por el contrario, ejercen sobre las personas que te rodean un efecto debilitante. Además de que te dan un aspecto sombrío y deprimente, además de triste, los pensamientos negativos pueden convertir una ocasión feliz en un amargo y funesto momento.

Algo esencial es saber que la actitud positiva comienza en uno mismo.

La actitud positiva comienza en uno mismo, en la imagen que uno pueda construirse de uno mismo: amarse, estar y sentirse satisfecho, seguros y confiados en nuestro ser. Los que nos rodeen probablemente se contagiarán de nuestra actitud y se sentirán de la misma manera. Por el contrario las actitudes negativas te harán sentir mal y harán sentir mal a los demás.

Si se quiere mantener una actitud positiva, tienes que comenzar pensando de una manera sana.

Recuerda que una actitud positiva crea una muy buena Imagen de ti y hará que los demás quieran estar cerca de ti.

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