• Carolina Bejar

“Lecciones de poder en un tratado bilaterial”

La reunión entre Donald Trump y Kim Jong-un, nos dejó ciertas lecciones de branding personal. Ambos son líderes reconocidos por su proyección de macho alfa, pero sabemos que en la política también debe haber mesura, más allá de sus propias diferencias.

En el transcurso de este mes, las miradas del mundo estuvieron enfocadas en la isla de Sentosa, en Singapur, espacio que dio lugar al encuentro entre el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un.

Durante las seis horas que duró la reunión entre Trump y Jong-un, pudimos darnos cuenta de muchas de las intenciones de cada uno de los mandatarios. Y justamente en esta colaboración quiero platicarte de cómo el branding personal es muy importante, porque ambos fueron a la reunión con una clara intención de mostrar que cada uno tiene el poder.  Es decir, vamos a analizar como desde su comunicación no verbal ambos mandatarios buscaron darle al otro ciertas lecciones de poder.

De sobra sabemos, que ambos líderes son reconocidos por su proyección de macho alfa. Lo que ocurrió en esta reunión nos permitió ver como dentro de la política también debe haber mesura y negociaciones, aún más allá de sus propias diferencias.

Podemos imaginar que la situación no debió ser cómoda para ninguno de los dos, después de los ataques e insultos de los que el mundo ha sido testigo, pero en su actuar y por medio de su comunicación no verbal podemos leer las situaciones de manera más clara y entender mucho de lo que en realidad pasó.

Aunque en los diversos momentos pudimos ver a un Trump mucho más moderado, no dejamos de apreciar algunas situaciones ya conocidas que evidenciaron el protagonismo que suele identificarlo, como fue el momento de saludarse.  Fue Trumpquien se acercó primero y quien palmeó el hombro de su contraparte. Por su parte Kim Jong, tan solo le restó responder con una mirada fija y un apretón de manos fuerte.


En otros momentos, Trump se mostró extremadamente cordial con Kim, un tanto paternalista incluso, como si él actuara en calidad de anfitrión. Le daba palmaditas e indicaciones, llevando la batuta en todo momento.

Trump también estaba consciente de la presión que su persona propicia, por lo cual trataba de aliviar cualquier tensión que pudiera ofender, viéndose en momentos más dócil y dejándose incluso guiar por su contraparte, por lo que Kim aprovechó para imponerse propiciando unas palmaditas a Trump para demostrar también su liderazgo.


Lo que sin duda es un hecho es que a pesar de que Trump estaba hablando en términos conciliatorios, su lenguaje corporal en todo momento proyectaba su entera firmeza y denotaba estar a cargo de la situación.

Su postura recta, sus manos al frente lo denotan claramente, y Kim por su parte más bien tiene una actitud más relajada.


Una realidad innegable es que vimos a un Trump mesurado y evitando cualquier situación de hostilidad. Se le vio contenido, aunque claramente cada vez estrecharon la mano, en ambos líderes se evidenciaba el apretón fuerte de manos, visible en las puntas blancas de los dedos.

Aunque se le vio conciliador en la mayoría de sus actitudes, Trump no pudo evitar estirar la mano de Kim en su saludo de despedida, un gesto que da un mensaje de dominación sobre el otro, al llevarlo al terreno propio.

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